Retro

16 bits de recuerdos con Super Nintendo [mini]

Ahora que ya está disponible la SNES Mini es un buen momento para recordar lo que esta consola de Nintendo supuso para mí en mis primeros años. Cada persona se inicia en los videojuegos de una forma u otra y esta, junto con la Game Boy y nuestro IBM alimentó mi pasión por ellos.

No tengo recuerdos del día que la Super Nintendo entró en mi casa, sólo sé lo que mis hermanas me han contado: una conocida marca de chocolatinas sorteaba una de estas consolas, así que decidieron participar y, de paso, ponerse hasta arriba de dulces, que cuando eres pequeña siempre es agradable. Reunieron envoltorios (o códigos de barras, no me acuerdo bien) y los enviaron. ¿Sabéis eso que se suele decir de “eso no toca nunca”? Pues este es el típico concurso con el que salta ese pensamiento. Excepto que a mis hermanas les tocó, y la consola llegó a casa en verano de 1993, un año después de su lanzamiento en Europa.

Siempre he contado que en mi casa los videojuegos no eran el típico regalo de Reyes o cumpleaños, pero con la Super Nintendo (y con la Game Boy) se hizo una excepción. De hecho, yo creo que más bien fue a partir de estas dos consolas cuando el ritmo de videojuegos bajó al mínimo (durante muchos años, los únicos juegos que me regalaron fueron Star Wars la Amenaza Fantasma, Harry Potter 1 y 2, Tzar y Splinter Cell, todos para PC). He tenido que revisar de arriba a abajo nuestros álbumes de fotos para encontrar los regalos, y ha sido peor que buscando a Wally, porque sólo los he visto como “parte del decorado” y no como elemento central de la foto.

Ni mis hermanas saben decir cuál fue el primer juego que les regalaron, aunque claramente el primero que probaron fue el Super Mario World, al ser parte del pack con la consola. Esta aventura de Mario está en mi top de favoritas y recuerdo con mucho cariño turnarme el mando con mi hermana Alicia e ir avanzando poco a poco. Incluso decir “¡Tranquilo Yoshi luego nos vemos!” cada vez que teníamos que cometer la horrible traición de saltar de él para no matarnos. Ahora que lo pienso, las “muertes” del pobre Yoshi podían ser horribles, generalmente caer al vacío o hundirse poco a poco en la lava. Super Mario World incluía bastante maltrato animal (también nos cargábamos topos, peces y tortugas, por ejemplo) y más si tenemos en cuenta que nuestro [cruel] ex fontanero golpeaba en la cabeza a su montura para que sacara la lengua (y esto es verídico).

Pero dejemos de lado esto, que yo estaba hablando de mis recuerdos. Super Mario World fue uno de los primeros juegos que me pasé, pero para ello necesité unos cuantos años (cuando la consola llegó a casa yo iba a cumplir tres años, de hecho, el cable del mando se convirtió en uno de mis mordedores preferidos… ¡y siguió funcionando!) y su banda sonora siempre me saca una sonrisa cuando me viene a la mente.

Con los años, los cumpleaños y las navidades fueron llegando más juegos a casa y la lista terminó estando formada por: Flashback, Super Star Wars, Super Game Boy, Bubsy, The Lost Viking. Un tiempo después, uno de mis primos me regaló dos mandos, el Donkey Kong Contry y Plok. Y además tenía un amigo que de vez en cuando me prestaba el Mario Kart, Aladdin, Super Street Fighter II y Fifa 96, que añadí a mi colección hace unos años gracias a un mercadillo de Juegaterapia.

Son muchos los recuerdos que tengo de estos juegos. Flashback, que fue un regalo de reyes de mi hermana Beatriz, me fascinaba muchísimo, a pesar de que no me enteraba de nada (estaba en inglés). De hecho, ni ella ni yo llegamos a pasárnoslo nunca, algo que sí hizo mi otra hermana, Alicia (que, en realidad, se los pasaba todos).  The Lost Vikings, por ejemplo, era suyo, y poquito a poco consiguió terminarlo. Con este juego nos ocurrió algo muy curioso: estábamos en uno de los niveles del Mundo Absurdo. La pantalla, en sí, era pequeña, pero la combinación de las habilidades de los vikingos tenía que ser precisa porque si no, o morían, o quedaban atrapados. Ese nivel lo repetimos, tantas, tantísimas veces, que Eric, Olaf y Baleog terminaron comentando que si seguían muriendo tanto la consola se apagaría y sería el fin. Era costumbre de los tres vikingos hacer comentarios cuando repetían mucho un nivel o llegaban a una zona nueva, así que estoy segura al 90 % de que esto no me lo he inventado.

Y sí, habéis leído bien: Bubsy. Fue el primer juego que me regalaron “los reyes” y aunque el sector del videojuego lo considere un “Poochie”, yo lo recuerdo con muchísimo cariño, a pesar de que tampoco lo conseguí terminar nunca (ese honor, de nuevo, lo tuvo mi hermana Alicia). Bubsy era un “sucedáneo” de Sonic, pero tenía un cómic bien majo en su manual y unos personajes bastante curiosos, sin brazos, que querían los ovillos de lana de todo el mundo. Sus mundos no eran tampoco nada del otro mundo (desérticos, boscosos, un tren…) pero los detalles que incluían sí los hacían más especiales. De hecho, lo verdaderamente interesante del juego, para mí, era el propio Bubsy y las cosas que le ocurrían: estamparse contra una pared al ir corriendo (o contra el suelo si caía desde muy alto), convertirse en una bola esponjosa y se mojaba…

Hablaros de todos los juegos va a ser demasiado, pero sí quiero recordar un accesorio muy útil de la Super Nintendo: la Super Game Boy. Gracias a este cartucho podías conectar tus juegos de Game Boy y jugar a ellos incluso con nuevas funciones, como desplazar la pantalla de un lado a otro con los botones L y R. Además, tenía la opción de poner un marco bonito a la pantalla, o incluso diseñar uno con las herramientas para pintar. Pero creo que lo más curioso era la posibilidad de, mediante un “mezclador de colores”, colorear el juego de las formas más raras.

Para algunos, la SNES Mini (y antes la NES) es un timo para nostálgicos, porque puedes jugar a cualquiera de estos juegos en un emulador. Y es cierto, pero no se compara a jugarlo con los mandos originales. Y estas nuevas versiones te permiten hacerlo y además con una calidad de imagen decente, y no con la distorsión típica de una TV plana 16:9 en lugar de una TV de tubo 4:3. El lanzamiento de esta consola (y cuando relancen la NES, también) me va a permitir descubrir muchos juegos que nunca tuve (nada menos que 19 de los 21 que incluye) y aunque me ha costado mis dineros, creo que ha sido una buena inversión.

Me pregunto, ahora que también han anunciado una versión mini del Commodore 64, si podremos esperar también versiones de la Nintendo 64 y la Game Cube… Unas consolas que, junto a las de Sega, nunca pude disfrutar (la N64 gracias a unos primos, y muy poco, la otra nada) y que si llegan a las tiendas van a suponer, alegremente, mi ruina. Y lo mejor de estas versiones es que ni se me van a amarillear, ni a derretir las “patitas” de goma, como le ocurrió a mi SNES

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Un pensamiento en “16 bits de recuerdos con Super Nintendo [mini]

  1. Qué gusto da leer un texto así, Paz! Yo soy un poco más antiguo y empecé una generación antes, con la gloriosa NES (que ahora tengo la suerte de disfrutar en formato mini), y también tengo multitud de recuerdos de fases imposibles a las que dediqué horas y horas (maldito Castelian xD), juegos que nunca conseguí acabar (Blaster Master), y otros, que sin ser ninguna maravilla (y que la crítica de hoy no dudaría destrozar), a mí igualmente me hacían pasar ratos inolvidables. Y por supuesto, al igual que tú cuentas, todos esos momentos fueron vividos con mi hermano y mi hermana. Aunque a día de hoy sigo disfrutando mucho con los videojuegos, estas memorias son irrepetibles. Supongo que también tiene que ver con el fenómeno de “la primera vez”. En ocasiones no puedo evitar sentir cierta lástima por las posteriores generaciones, cuyos primeros recuerdos estén ligados a COD (con todos mis respetos a la saga, eso sí) o algo similar. No sé si me explico. Pero claro, igual pensarán ellos mismos (o nuestros padres) de nosotros, y lo mismo sucede con la moda, el cine, o cualquier otra cosa. Inevitablemente, cada uno somos hijo de nuestro tiempo. En fin, que me ha encantado el texto (ya ves el rollo que te he soltado!), y que en definitiva, lo importante es que cada cual disfrute lo que le guste (y deje disfrutar a los demás). Un saludo y sigue haciéndonos disfrutar con tus textos!

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