The Alters: el peso de nuestras decisiones

Hace tanto tiempo que no escribo por aquí que llevo con la esencia de este post en el tintero desde hace casi un año. Un poco menos, porque no jugué a The Alters de lanzamiento, pero creo que captáis la idea. Cuando decidí jugar al título de 11 Bit Studio, lo hice sin saber muy bien a qué me enfrentaba. Era consciente de que había clones, una misión de supervivencia, gestión de recursos y poco más, aunque realmente me bastó con saber que estabas perdido en un planeta hostil. ¿Misiones en el espacio? Esas historias llevan mi nombre.

Podría detenerme en hablar de las mecánicas, del estrés de mantener una buena estrategia para aprovechar los recursos, las horas productivas y del esfuerzo en contentar a los Alters, pero eso es algo que habréis leído ya infinidad de veces en la infinidad de artículos que se han escrito sobre el juego desde su lanzamiento. Pero lo que ha hecho que resuene conmigo y, meses después, siga acordándome de su historia, fue cómo me llevó a una pequeña crisis existencial.

Los juegos de toma de decisiones creo que son uno de mis favoritos, porque su universo se construye siguiendo el camino que yo marco. Mi historia probablemente no sea igual que la de otro jugador, incluso cuando tengamos algunos puntos en común. Mi impresión de los personajes, mi relación con ellos y las interacciones dentro del mundo virtual suelen cambiar para adaptarse a las decisiones que he tomado, como cuando Garrus y Tali terminan juntos porque has decidido perseguir el romance con otro personaje. Es una manera de dar vida a estos universos, que de otra forma parecería preescritos. El gancho, en parte, de este tipo de juegos, es que te atreves a tomar decisiones que en la vida real es muy probable que no pudiéramos (incluso en el caso de que estuviera en nuestra mano impactar de forma tan trascendental). Pero, ¿qué pasa cuando no solo se nos plantea una decisión, sino que se nos muestra cómo habría diferido la historia de haber seguido otro camino?

Lógicamente, y por algo el juego se llama así, esa es la verdadera esencia de The Alters, mucho más que la gestión de recursos o la contrarreloj contra el amanecer. Estas perspectivas se presentan de manera cruda dadas las circunstancias que nos presenta el juego: ¿Quién puede aportarme más, mi versión minera o la que decidió seguir estudiando? Pero es precioso ver estos alter ego y cómo esos puntos de inflexión moldearon completamente no solo su especialidad, sino también su personalidad y la forma en que enfrentan las situaciones críticas.

Quizá en nuestro día a día no nos paremos a pensar en ello, porque no siempre estamos tomando decisiones trascendentales. Pero cada momento de nuestra vida está llena de pequeñas decisiones que modelan nuestro presente. Salir de casa antes o después puede cambiar por completo tus circunstancias de una forma que nunca seremos conscientes. Y jugando a The Alters no pude evitar preguntarme cómo habría sido mi vida si las decisiones y los acontecimientos que he vivido hubieran sido diferentes. Empezando desde lo más banal: si no hubiera aceptado trasladarme a otra ciudad, ¿dónde estaría ahora? ¿qué trabajo tendría? Hasta lo más trascendental: ¿qué clase de persona sería si no me hubieran hecho bullying en el colegio? ¿Inna habría sido parte de mi vida si hubiera roto definitivamente con aquel novio la primera vez que decidió dejarlo? ¿Estaría hoy casada con mi marido si mis padres no me hubieran cambiado de colegio?

The Alters me ha hecho reflexionar mucho sobre mi vida y la persona que soy a día de hoy. Qué decisiones me han traído hasta aquí, hasta la Paz de 35 años que ha vivido incontables situaciones y a tomado tantísimas decisiones creyendo que hacía lo mejor aunque luego descubriera que estaba equivocada. Quizá no siempre he sacado aprendizajes de los resultados, quizá muchas veces he ido por la vida como si de verdad fuera un videojuego donde las decisiones tenían menos peso del que en realidad tenían. Pero si algo he aprendido gracias a lo que me ha hecho reflexionar The Alters es que, aunque hay muchas cosas de mi pasado que desearía que hubieran ocurrido diferente, hay pocas que de verdad cambiaría si pudiera, porque la persona que soy ahora no siente desagrado cuando ve su reflejo.

No voy a negar que siento curiosidad por saber cómo serían mis Alters: la que disfrutó de una infancia siendo una más en clase y no se cambió de colegio, la que se cambió pero no tuvo prisa por crecer, la que decidió atreverse con la rama de ciencias y estudiar algo relacionado con la Física o la Biología, la que se sumó a la oleada de los contenidos audiovisuales y se mantuvo constante y la que decidió guardarse sus opiniones para sí y mantener una relación sana con las redes sociales. Son personas que me imagino viviendo vidas muy diferentes en sus universos alternativos, quizá sin plantearse cómo habría sido su vida si hubieran seguido otro camino. Y aquí estoy yo, en esta versión de la Tierra, poniendo por escrito estos pensamientos en un blog de WordPress en un internet cada vez más muerto.

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