La primera vez que vi Baldur’s Gate 3 estaba navegando por las profundidades de Tumblr en busca de fanfics y fanarts que alimentaran mi necesidad de ver contenido de mis parejas favoritas. No sabía ni que Larian estaba desarrollando la tercera entrega, pero las cosas que veía sobre él (principalmente la relación con Astarion) me llamaron lo suficiente la atención como para que se quedase en mi psique y me mantuviera ligeramente atenta a las novedades del juego. Tres años estuvo en Early Access, hasta que por fin pude instalarlo en mi ordenador (justo después de mis cortas vacaciones, que ya hay que tener mala suerte) y me sumergí en su mundo.
Larian lo ha hecho muy bien para que no haga falta ser un experto en el lore para disfrutar la historia, pero sí es cierto que si no tienes cierto nivel de conocimientos se puede hacer un poco bola al principio. En mi caso, sabía lo más básico de lo básico de sus razas y clases, pero hasta el punto que debes elegir las características del personaje se me escapaba y aunque intenté pensar bien qué elegía después de leer todo lo que me ofrecían, terminé guiándome más por las sensaciones que por la idea de hacer una clase sólida. Inicialmente tenía pensado jugar como mago, pero había leído que era una clase complicada para empezar, así que terminé optando por ser alto elfo (raza que siempre escogía cuando jugaba a rol allá por 2003) y guerrera (la clase que suelo jugar en Dragon Age, porque para qué complicarme). Mis pocos conocimientos en este aspecto se notaron también según iba progresando en los niveles, que me costaba saber cómo desarrollar «correctamente» a mi personaje. Leía en internet gente que combinaba clases (o algo así) y yo sudaba cada vez que tenía que asignar puntos. Al final, no sé cómo, mi personaje era las que más fuerte pegaban junto con Karlach, y de quien solía depender el éxito de los combates (con un poco bastante de apoyo de Corazón Sombrío y Jaheira).
También el sistema de juego se me hizo complicado al principio. Tantos años jugando a juegos de acción puro o híbridos, como mucho, generan unas expectativas y unas costumbres de las que no somos conscientes hasta que nos metemos de lleno en una experiencia completamente diferente. Y la perspectiva cenital junto con la cámara independiente (salvo que marques deliberadamente al personaje) me rompieron un poco los esquemas al principio. Fijaos hasta qué punto estaba desorientada que a veces los dedos se me ponían automáticamente sobre los números 1, 2 y 3, que son los que se usan en el modo vivir de Los Sims para controlar el tiempo, y la mano del ratón intentaba mover la cámara de la misma manera. Pero bueno, muchos sistemas de juego requieren un pequeño periodo de adaptación. Me está pasando algo parecido (salvando las distancias) con el nuevo Spider-Man, que no consigo cogerle el truco a activar el modo foto. Pero bueno, al poco de llegar a la zona del Acto 1 empecé a hacerme con los controles y para cuando entré en la Arboleda ya tenía dominado cómo moverme e interactuar. Es cierto, no obstante, que hay algunas cuestiones que no están del todo bien explicadas. Por ejemplo, no fue hasta bien avanzado el juego (creo que para el acto 2) que descubrí cómo fabricar pociones. He leído en más de una ocasión que Larian podría haber hecho un poco mejor todo el tema de la experiencia de usuario: pulir más las interfaces, explicar un poco más (o mejor) las mecánicas… Así que quiero entender que no se trata solo de que yo sea extremadamente torpe cuando me sacan de mi zona de confort, sino que el juego podría haber estado un poco más cuidado en este aspecto.
Ya que hablamos de la experiencia de juego y los menús, mientras jugaba los primeros compases de su historia había algo en él que me hacía pensar poderosamente en Dragon Age Origins. Yo nunca he jugado a los anteriores Baldur’s Gate. Como os he contado en alguna ocasión, en mi casa entraron muy pocos videojuegos a lo largo de los años, así que hay mucha experiencias que me he perdido. Por eso a la hora de jugar a esta tercera entrega, mi cabeza rescataba automáticamente la experiencia más cercana que ha tenido: Dragon Age. Y ciertamente es innegable lo que se ha dicho de él siempre, que es el sucesor espiritual de Baldur’s Gate. Los menús de personaje, las conversaciones, las penalizaciones… todo ello me recordaba a aquel juego de BioWare y creo que en cierta manera me ayudó a navegar un poco mejor por las primeras horas de la historia de mi elfa. Si alguien hiciera un remake de Dragon Age Origins respetando su sistema de juego, me imagino perfectamente a Larian llevándolo a cabo con maestría.
Más allá de eso, que no me quiero desviar del tema, Baldur’s Gate 3 me parece que es un juego tan brillante como tramposo. Está plagado de situaciones sorprendentes, inesperadas, divertidas, estresantes… Cualquier cosa puede derivar de una pifia y la magia de no saber, nunca, si la decisión que estás tomando es la «correcta» es lo que le da gran valor. Por que en un juego de rol no debería haber una decisión «correcta», deberíamos movernos siempre en esa escala de grises en la que nuestras elecciones conforman nuestra historia, dentro de lo posible en un videojuego, por supuesto. Y su guion está a la altura de las circunstancias, al menos en los dos primeros y extensos actos. En el tercero… bueno, es cuando llegan las trampas.
Desde luego, Larian no se anda con tonterías. Empezamos fuerte, con los ilícidos infectándonos (que entiendo que cualquiera conocedor del lore sabría perfectamente sus implicaciones) y teniendo que hacer nuestros aliados (y luego amigos) a un puñado de ególatras con un montón de carencias afectivas más preocupados por salvar su pellejo que de entender qué está pasando. Todo el Acto 1 consiste en asentar las bases de la partida: la irrevocabilidad de nuestro estado, la importancia de los githyankis y la tirana de su diosa, los druidas, los tieflings refugiados… La construcción de este mundo y sus detalles en decenas de horas de juego, tantas como quieras dedicar (en mi caso creo que fueron cerca de 60 horas, que ya está bien). Personalmente, tuve mis más y mis menos durante este acto, porque me costó un poquito entrar en la historia al ser tan novata en este universo y a ratos se me hizo un poco largo de todo lo que se podía explorar, pero no pude resistirme a la magia de su mundo y terminé cautivada.
Pero nada de lo que me pudo ofrecer el Acto 1, ni siquiera la fiesta tras proteger la Arboleda, se pudo comparar con el Acto 2. Llegué un poco desorientada a las tierras malditas, sin entender que la exposición a la oscuridad convertiría a mis personajes en zombies y que tenía que asegurarme de tener una fuente de luz siempre a mano. Tuve que enfrentarme a combates más complicados de lo que esperaba para ser encuentros «random» (es decir, criaturas de la zona y no jefes como tal) y Mustio me tuvo que ayudar a recuperar a mis aliados en más de una ocasión, cuyo sacrificio fue fundamental para superar el enfrentamiento. Pero aunque la atmósfera opresiva me hacía caminar en constante tensión, las historias que se desarrollaron en la zona me parecieron las mejores de todo el juego, por su profundidad, su impacto y su conexión con la historia de tus compañeros. Sé que si hubiera sido más versada en este universo, el impacto habría sido mayor.
En mis exploraciones me encontré con un muchacho extraño que quería jugar al escondite y luego me obligaba a someterme a un combate. Como había algo que no me convencía en ello, no seguí adelante y partí a explorar otra zona desde un punto de guardado anterior. Cuando más adelante leí las consecuencias de esta misión, me alegré mucho de haber seguido mi intuición, porque ese niño era mucho más importante de lo que podía parecer. Halsin, que llevaba ya un tiempo en mi campamento sin dignarse a unirse a mis misiones, por fin me contó su historia y su culpabilidad. Por supuesto que uno de mis objetivos sería ayudarle a recuperar a su amigo para ayudar a levantar la maldición. Pero como estamos hablando de Baldur’s Gate, no se trataba de ir de un punto A a un punto B, sino de recorrer las tierras y perderte en otras tantas misiones interrelacionadas. Fue en mi búsqueda para cumplir esta misión cuando llegué a la parte de la historia que más me llegó: la Oraldía de Shar, el viaje de Corazón Sombrío y la verdad sobre la Canción Nocturna. Fue en esta misión donde la discípula de Shar se convirtió en uno de los personajes fijos de mi party, junto con Karlach, y cuando por fin empecé a cogerle cariño. Su desarrollo personal en esta misión y el punto de inflexión en la parte final es justo lo que necesitaba Baldur’s Gate 3 para terminar de cautivarme. La tragedia de la región, de Canción Nocturna y de Corazón Sombrío cargan por sí solos con el peso de todo el juego, haciendo que el renacuajo de nuestro cerebro y la amenaza de la Absoluta pasen ocupar un segundo plano. Para mí, pararle los pies al Cerebro ya no era tan importante como acabar con Ketheric Thorm y hacer justicia.
Hasta este momento, Baldur’s Gate 3 creo que no tiene pega, salvo algún que otro bug. Una historia interesante, bien llevada, con momentos memorables, combates desafiantes y personajes que cargan ellos solos con el peso de todo el juego. Pero tengo que decir que para mí el Acto 3 se desinfló un poco. Quizá porque venía del subidón del segundo acto pero primero necesité unos días de desconexión, por lo que estuve como 10 días sin jugar. Quizá por eso o porque afrontar una nueva zona me abrumaba, tardé un poco en volver a conectar con el juego y la recta final de su historia.
No se puede ignorar que también tiene momentos increíbles, como la conclusión de la historia de Astarion y su grito catártico al completar su misión, o la visita a la Casa de la Esperanza y el enfrentamiento con el jefe, con una banda sonora que te obligaba a parar y prestar atención antes de seguir con el combate. Pero no puedo decir que haya sentido lo mismo al enfrentarme a los poseedores de las piedras, Gortash y Oran, ni mucho menos contra la Absoluta. No solo me parece anticlimática la resolución del juego, sino que Larian hace trampas a la hora de plantear el guion. Durante toda la historia hemos ido conociendo la realidad sobre el artefacto githyanki y su prisionero, Vlaakith y el Emperador. Si tus decisiones estaban alineadas con lo que Larian quería de ti, la historia se desatrolla sin contratiempos, exactamente podrías esperar. Pero si, como yo, querías desterrar a Vlaakith, liberarte de renacuajo ilícido y conservar tu «humanidad» (por decirlo de manera general) no te dejan. Y no solo no te dejan sino que si decides seguir adelante con ello (a pesar de sacrificar cierta cosa), el Emperador rompe completamente con su desarrollo como personaje, tomando una decisión que no encaja para nada con su historia. ¿Para qué te pasas decenas de horas de juego haciéndome creer que tengo capacidad de elección cuando en realidad no la tengo? Ni hablar de las tiradas de dados imposibles con un 99 bien bonito. Creo que el gran trabajo de los dos primeros actos se ha debido, en parte, a los años que el juego ha estado en Early Access progresando con el feedback de los jugadores, pero se nota que para el último acto no ha habido esta atención. Y les ha quedado bastante por pulir y mejorar a nivel de guion.
Además, también me pareció bastante insatisfactorio el cierre de las historias de algunos personajes, como la de Karlach, que me parece pecado que de verdad no haya una misión para investigar la manera de reparar su motor infernal. ¡Y eso que es un tema recurrente en la historia y las conversaciones! ¿Quizá ha sido contenido recortado por falta de tiempo? No me parece que tenga sentido que las historias de Corazón Sombrío, Gale, Astarion y demás tengan un cierre en el que participas y la de Karlach sea la que es (no lo menciono por no hace spoiler). He estado creando lazos con ellos durante horas, días, como jugador y como personaje dentro de la historia, sé que mi Halliam no habría descansado hasta encontrar una solución, igual que ha tenido tiempo de hacerlo con otras cosas.
A pesar de todo lo que os he comentado del tercer acto, Baldur’s Gate 3 ha sido una de las mejores experiencias del 2023. Incluso con sus bugs (personajes que se enamoran de ti con decirles «Hola», relaciones o diálogos que se activan aunque tú activamente te hayas opuesto a ello, pequeños glitchs…) y su recta final tirando a floja, el juego en conjunto es maravilloso, lleno de detalles, de riqueza, de momentos inolvidables y de un universo cuidadísimo. Mi intención es volver a jugarlo dentro de no mucho, con un nuevo personaje que sea menos vomitivamente «bueno» (estoy demasiado condicionada por el modelo Virtud/Rebeldía como para tomar decisiones moralmente cuestionables) y con una clara fijación por Astarion. Y quizá, en un futuro, me atreveré con la historia «Dark Urge», aunque no sé si seré capaz de someterme a tanta tensión.
Después de tantos años esperando una continuación de Dragon Age, sin saber qué va a pasar con el estudio ni con el futuro de la saga, Larian ha venido a rescatarme con una historia magistral. Si hay algo que tengo claro es que Baldur’s Gate 3 está en mi top de juegos del año.





